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Thursday, February 16, 2006

Venganza (Parte XVII)

Le decían tuerto. Era un pastor alemán viejo, sucio, sarnoso y carcomido por las pulgas. Su ojo derecho, blanco y ciego, le había ganado ese apodo.

Roía con recelo un hueso. Un hueso humano. Un fémur. Ordoñez se había encargado de dejarle incluso un poco de carne adherida para que le resultase un manjar más jugoso.
A veces podía ser una persona dulce y considerada. Y por alguna razón le tenía cariño a ese perro.

Lo miró relamerse un rato largo con el festín de carne humana antes de subirse al auto y partir.

Decidió despedirse con una palmada en la cabeza de la intimidante bestia, pero el animal interpretó el gesto como un intento de arrebatarle la comida. Un gruñido dio lugar a un ladrido rápido que anunció el tarascón que le tiró a la mano de Ordoñez.
De no haber sido por unos rápidos reflejos propios de un avispado agente de policía hubiera perdido dos dedos.

- Perro de mierda – Refurfuñó entre dientes.

Pero sonrió. Era un perro de la calle, vagabundo, maltratado por la vida
y la gente de la villa. Amanecía mojado en una zanja de agua podrida con frío y mucha hambre. Era un animal sin principios.

Igual que él.

Tuesday, February 07, 2006

El hombre de los dados

Sorpresivamente y cuando nadie lo esperaba se asoma un nuevo post en el horizonte. Alzadose en un amanecer virtual de unos y ceros luego de que su creador disfrutara de unas merecidas vacaciones en las playas de Villa Gesell. Un descanso que le dejo un poco de tiempo libre para darse un chapuzon en el mar de la lectura.

Muchas veces nuestra propia Personalidad nos juega en contra, nos boicotea. Ciegos, nos aferramos a ella y la nutrimos como quien riega una planta y le hace mimos a diario. Nos enorgullecemos de ella sin darnos cuenta que muchas veces se presenta como un enemigo dentro nuestro. Nos rendimos a Ella incluso cuando conspira contra nuestros objetivos, deseos y anhelos ocultos. Nos aparta de abrirnos a nuevas experiencias condicionando nuestra vision del mundo e impulsándonos a seguir ciertos patrones de comportamiento repetitivos.

¿Pero que ocurriria si pudieramos deshacernos de nuestra propia personalidad?. Renacer dia a dia dejando librar nuestros yos ocultos. Dejar que un dia el angelito de la derecha nos incite a hacer el bien y llenar el mundo de rebosante bondad. Al otro amanecer prestale el oido al diablito de la izquierda para que nos persuada de llevar a cabo esos pervesos actos de malvada creatividad que siempre nos retumbaron reprimidos desde el fondo de nuestra mente. Luego despertar una tercer jornada viendo el mundo con una acida indiferencia. Cada dia seriamos una persona distinta. Seriamos una persona aleatoria.

Esto es lo que propone "El Hombre de los Dados". Una supuesta autobiografia de Luke Rinehart (pseudonimo del autor real) que cuenta la historia de un psiquiatra que sumergido en un profundo aburrimiento encuentra la salvacion al tedio cediendo las decisiones de su vida en un par de dados verdes un dia que estos le conceden, una posibilidad entre seis, acostarse con la esposa de su mejor amigo: la voluptuosa Arlene. Lo que comienza como una simple diversion va convirtiendose en algo mas turbulento a medida que avanza el libro y Luke se entrega mas y mas a los caprichos de la fortuna que le dictan unos cubos numerados.

Busca destruir su propia personalidad y forma toda una teoria psiquiatrica al respecto mientras los dados lo llevan a vivir aventuras impensadas, plagadas de todos los matices posibles que van desde la intriga, pasando por cuestiones filosoficas hasta la mas explicita pornografia.

Los dados le dan el criterio que el buscaba para vivir la vida y tomar sus decisiones. Le permiten expresar todos sus yos ocultos que Lucius Rinehart (y todos) lleva dentro. Impulsos que viven subyugados a eso llamado Personalidad que el tanto se afana por destruir.

Un libro que me gusto mucho. De hecho a partir de ahora siempre llevo un dado conmigo y antes de encontrarme dejando fluir los dedos por mi teclado para escribir esta reseña, le pregunte si me concedia el honor de hacerlo o dejaria morir este post en mi interior sin ver nunca la luz.