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Thursday, February 16, 2006

Venganza (Parte XVII)

Le decían tuerto. Era un pastor alemán viejo, sucio, sarnoso y carcomido por las pulgas. Su ojo derecho, blanco y ciego, le había ganado ese apodo.

Roía con recelo un hueso. Un hueso humano. Un fémur. Ordoñez se había encargado de dejarle incluso un poco de carne adherida para que le resultase un manjar más jugoso.
A veces podía ser una persona dulce y considerada. Y por alguna razón le tenía cariño a ese perro.

Lo miró relamerse un rato largo con el festín de carne humana antes de subirse al auto y partir.

Decidió despedirse con una palmada en la cabeza de la intimidante bestia, pero el animal interpretó el gesto como un intento de arrebatarle la comida. Un gruñido dio lugar a un ladrido rápido que anunció el tarascón que le tiró a la mano de Ordoñez.
De no haber sido por unos rápidos reflejos propios de un avispado agente de policía hubiera perdido dos dedos.

- Perro de mierda – Refurfuñó entre dientes.

Pero sonrió. Era un perro de la calle, vagabundo, maltratado por la vida
y la gente de la villa. Amanecía mojado en una zanja de agua podrida con frío y mucha hambre. Era un animal sin principios.

Igual que él.

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