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Wednesday, September 15, 2004

Venganza (Parte IX)

Empezó a hacer cuentas mentales. 250.000 por tres son... 750.000. Pesos. Casi un millon. Nunca habia visto semejante cantidad de dinero en su vida. Pensaba en comprase una casa para el y mandar al diablo el alquiler. Es curioso que rapido hace uno planes cuando se imagina una cifra de unos cuantos ceros a la derecha.

Tenia que arriesgarse. Despues de todo Ginsberg estaba muerto y la la plata del rescate nunca aparecia. Tan solo una parte del eso le podría significar dejar la, para él, mugrosa vida de mierda que llevaba y empezar a vivir como un duque. Era una suma por la que valía la pena arriesgarse.

Cuando Ordoñez terminó la conversación sintió el caño de la 45 de Amaro. Sabía que lo estaban apuntanto. No se dió cuenta cuando abrieron la puerta de su cabina. Intuyó quien era el que lo amenazaba.

Calentón como era, hubiera sido de esperarse que una ira irracional inundara a Ordoñez y fuera capaz que cometer una locura en ese momento. La realidad era que ante una situación muy crítica se le activaba un mecanismo en la mente mediante el cual desaparecian todos sus sentimientos y se silenciaba su conciencia. La tensión lo convertía en una máquina. Fria. Observadora. Despiadada. Extremadamente racional. Al punto que sabía que arrebatarle el arma a Amaro y ponerle un tiro primero en las pelotas, para que sufra, y luego en la cabeza, no era una decisión acertada. Quedó inmovil. Suspiro profundamente. Esperó.

- Ahora si que vamos a hablar, hijo de remil putas -

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